miércoles 25 de noviembre de 2009

Naturaleza muerta

Sobre un simple cartón se han dejado caer papelitos de colores. Las manos inocentes de unos niños han dado vida a una naturaleza muerta.
No hace falta imaginar mucho para adentrarse en un paisaje lindo y sugerente, aunque irreal.
Al fin y al cabo, cuánto debemos a la imaginación y a los sueños. Como poco, le debemos mantener viva la ilusión por vivir.
De esto mismo, trata mi historia.

Desde su balcón veía pasar al gentío que iba y venía a diario. ¡¡Cuánto deseó bajar a ese río humano, mezclarse en su marea, notar los cuerpos rozarse..!! Pero, no, no podía ser. Desde muy pequeño estaba anclado en una silla de ruedas y sus paseos discurrían por caminos sin gente, espaciosos y vacíos. Mas él los llenaba sin dificultad.
Cada día, al salir a la calle, una aventura estaba a punto de comenzar:

Embutido en un traje metálico, se manejaba con los movimientos robotizados de aquel personaje de cómic. Los niños, al verlo, se abalanzaban sin temor sobre él. Los cogía y los volteaba con facilidad, y varios a la vez. Y sus padres sonreían gozosos de verlos divertirse así.
Su cometido, ser un héroe. Por eso no era raro verlo rescatar animales de los enormes árboles del parque, salvar de un atropello, evitar peleas....y, algo grandioso, levantar como si de una pluma se tratara el autobús que se precipitaba al borde de un abismo de rocas.


Aún no ha desayunado y ya está sentado delante del ordenador. Como cada jornada, tiene una inmensa tarea que realizar: Muchos amigos, sobre todo niños, esperan que él les anime contándole sus aventuras. Sus amigos son especiales, no pueden moverse fácilmente, la mayoría no han podido superar el drama que supone haber perdido algún familiar en un accidente de tráfico y, lo que es peor, superar el doloroso trauma de haber quedado tetrapléjico.

Atender a esa tarea nunca lo ha considerado una heroicidad.




En la visita al zoo, los pingüinos eran los más solicitados. Más en aquella ciudad donde hacía tanto calor. Los domingos eran los de más concurrencia.
Se asomaron los visitantes, variopintos pero iguales, al frío espectáculo de contemplar como unos asustados animales, igualitos, igualitos, se mostraban. No podían imaginar que eran observados por estas aves, elegantes y presumidas, con la aviesa intención de aprender de ellos y así, algún día, utilizarlos para escapar por fin.
Colocado estratégicamente entre sus congéneres, el más espigado de ellos, ya podía imitar el paso cortos de los ancianos con Alzheimer, el movimiento rígido de la cabeza de las señoras repeinadas..,pero el problema seguía siendo cómo disimular la cara de pingüino...
Entre los visitantes, un hombre de mediana edad, no podía dejar de reír para sus adentros. No sabía por qué aquel espigado pingüino le recordaba tanto a su mujer.








Adentrarse en un laberinto puede ser una manera suicida de escapar. Es que asomarse al abismo siempre atrajo a hombres y mujeres.

Una chica, tímida por su manera de desenvolverse y de mirar a la gente, guardaba oculto en lo más profundo de sus deseos un sueño:
Ser libre. Escapar de la tela de araña en la que estaba atrapada.
La casaron con un tipo vulgar y aburrido, amigo de la familia y vecino de sus padres, mucho mayor que ella y en nada parecido al príncipe azul de sus sueños.
Para distraerse, había decidido matricularse en un curso formativo para jóvenes sin trabajo.
Cada mañana salía temprano para coger el autobús. Pisar la calle suponía iniciar una aventura, pues le costaba enfrentarse a la vida. No era habitual que en el trayecto hablara con alguien, pero aquella mañana, que se había sentado cerca del conductor, sí lo hizo. Ella no se había percatado de que ese chico la miraba a través del espejo retrovisor.

- Hace frío esta mañana, ¿verdad?- le dijo casi sin atreverse a mirarla.
- Ah!... perdón?...sí,...sí que hace.
Hasta llegar a su destino la conversación fue derivando hacia temas diversos, intrascendentes la mayoría de ellos. Ese día ella se sintió muy satisfecha y no dejó de pensar en el el chico que la miró de otra forma, diferente a lo que ella estaba acostumbrada.
La escena del autobús, con la chica sentada cerca del conductor, se fue repitiendo algunos días más.
Una mañana lluviosa de lunes, el autobús iba casi vacío. Al llegar a la parada donde se bajaba ella, ya no había nadie más. El conductor, al que ya consideraba un amigo, le pidió seguir hasta la última parada, donde el cementerio municipal; a la vuelta la dejaría enfrente de su destino.
Confiada y dispuesta a seguir, asintió gustosa. Llegados al fin del trayecto, él se levantó y se le acercó. Por fin iban a tocarse en un abrazo, ansiado y deseado por ambos.
Él la abrazó fuertemente y la besó en la boca, sus manos buscaron la manera de desnudarla...Ella seguía inmóvil, petrificada, insensible....A duras penas pudo articular un NO, NO QUIERO. Pero aquel chico que ahora tenía una mirada extraña, de loco, no le hizo caso.
Ultraje, violación,... no conocía otra palabra para nombrar el horrible daño sufrido. Ni un consolador llanto podía salir de sus entrañas, sólo quería morirse. Por eso siguió tumbada junto a la puerta del cementerio.
Cuando volvió en sí, se encontraba sentada al lado de otro chico, pero este la acercaba al hospital más cercano. Eso sí, conducía un coche fúnebre, pero la devolvía del profundo pozo del laberinto donde se había perdido.

miércoles 28 de octubre de 2009

Debajo del ciprés


El árbol ciprés,
que mira al cielo,
conecta con el paraíso.
También con el infierno.
Amor y muerte
-al fin y al cabo, son lo mismo-
suben o bajan del mismo lugar.

Bajo el ciprés del parque, una chica espera sonriente que le hagan una foto. No ha visto todavía que alguien la observa embelesado...
Alonso esconde su nerviosismo a la vez que guarda sus manos en el bolsillo y se aleja de allí con la mirada perdida. Es entonces cuando Lucía lo reconoce.
Las familias de ambos, los Retamero y los Hinojosa, se odian desde hace más de un siglo.
El día que un Retamero, antepasado de Alonso, y un Hinojosa se lanzaron miradas de muerte no ha podido olvidarse, tampoco sus consecuencias. Durante años la sufrieron calladamente.

A finales de XIX, en una taberna lóbrega y de rancio olor, cuatro jóvenes juegan a las cartas. Hay mucho dinero en la mesa y dos miradas ansían cogerlo. Para jugárselo, Alonso tiene que poner sobre la mesa su potro de pura raza árabe. Pero las cartas buenas las tenía Miguel.

El orgullo herido del Retamero esperaba oculto al paso de Miguel... Y una faca de afilada hoja esperaba un corazón que partir. Pero el movimiento reflejo de la sorprendida víctima la alejó unas pulgadas.
Miguel llegó sangrando a su casa. La madre se levantó a abrir el cerrojo de la puerta y, al ver el reguero de sangre, se la llevaron los demonios.
Día tras día atosigaba a su marido y al menor de sus hijos clamando venganza.
Una noche que esperaban sentados la cena, la madre se plantó en medio del comedor:
-Aquí no se pone más la mesa hasta que no matéis al malnacido del Retamero que casi mata a vuestro hermano.
No les quedó más remedio ante la resolución de la madre.
No pasó ni una noche más sin que padre e hijo se apostaran en la entrada del pueblo, escondidos bajo el ciprés. Sabían que tarde o temprano, Alonso pasaría por allí.

Una soleada tarde de otoño, Lucía dejaba que su reflejo se bañara en el estanque. Alonso, al pasar junto a ella, sólo se atrevió a mirarla en el agua, pero una suave brisa desdibujó la esbelta figura y él sólo se llevó lo que el viento. Mas Lucía sí fue atrevida, pero él no lo notó.
Una compleja mezcla de intuición femenina y pura química le hicieron, con el paso de los días, sentirse atraída por aquel esquivo y prohibido chico. Sin embargo, Alonso sí sentía que, con sólo verla, se le disparaba la adrenalina... él ya sabía que no era otra cosa que amor, aunque un amor imposible.
No tardó mucho en que su vergüenza fuera superada por el deseo de mirar a los ojos de ella.

La incipiente luna nueva cobijó a los asesinos que se abalanzaron al paso de su víctima. Y allí quedó con un grito ahogado de dolor y tumbado con cuatro rosas rojas en el pecho.
Nadie vio nada y nada se supo hasta la mañana siguiente, cuando un arriero contempló el cuerpo tirado.
De la familia Retamero, la madre sufrió mil veces más que nadie.
Con el paso de los días, buscó consuelo en una bruja echadora de cartas. La hechicera le exigió un conjuro: Debía depositar las ropas de sangre manchadas y bajo el ciprés ocultarlas. Quién fuera responsable de la muerte, no tardaría en morir allí no más lejos del radio que imponía la sombra del ciprés.
Los hombres de la familia Retamero se dieron a la bebida. Y noche tras noche bajaban borrachos como cubas.
Una noche de tormenta, Angustias, la madre, salió en busca de su camada. Harta estaba de las esperas interminables y del avinagramiento familiar.
Rayos y truenos restallaban el cielo, mientras una figura fantasmal pasaba justo por la sombra del ciprés. Quiso el cielo o el infierno que un rayo fulminara aquella figura y la dejara tan inerte como áquel que con cuatro rosas lo estuviera.

Y ocurrió una tarde. El joven Alonso siguió la estela perfumada de rosas de Lucía y, justo a la altura del viejo ciprés, la cogió del brazo.
El domingo por la tarde Lucía, ya esperaba a su enamorado en la barra del bar más concurrido del pueblo.

viernes 16 de octubre de 2009

Otoño frutal


Ya se va apoderando de nosotros lentamente. Es el otoño.
Aún hace calor, pero por las noches refresca. Los días irán perdiendo su brío y las noches descubrirán su encanto.

El otoño nos traerá a buen seguro una buena dosis de
melancolía y recogimiento.
Antes de eso, ya nos dio sus regalos más dulces y deliciosos. Frutos que nos alegran el paladar. Aceitunas, higos y granadas son de una exquisitez inusitada.
Pero otros muchos también nos harán disfrutar de sabores intensos:
La uva moscatel es de un dulzor extraordinario. Las castañas asadas junto a la lumbre, un cálido manjar. Carne de membrillo untada en pan, alimento para el alma.

El final del estío nos deja los olivos sedientos, pero poblados de su codiciado fruto. Las aceitunas, todavía verdes, son objeto de la primera recolección.
Se denomina verdeo al sencillo arte de recoger del árbol el fruto todavía sin madurar.
Sólo se cogen las verdes del tamaño adecuado y se desechan las dañadas .
Es necesario hacerlo así, porque si están maduras ya no se podrán partir.

Todos tendrán la imagen de las aceitunas en el envase: verdes, orondas, finas y brillantes...listas para comer. Sin embargo, si buscamos el oro líquido de sus entrañas, el aceite, habrá que esperar a su maduración. Entonces se oscurecerá su piel y su cuerpo perderá elasticidad.

La preparación, o aderezo,de la aceituna verde es pura artesanía. Olvídense del encurtido a base de sosa cáustica que presentan las embutidas en botes, latas y bolsitas tan comunes en
las tiendas. Esas no saben naturales, pues fueron cocidas en una sustancia química.
La costumbre más tradicional es la conservación en salmuera -agua salada
en un porcentaje de entre el 6% y el 10 % de sal.
Luego de partidas con un golpecito de maza, se sumergen en la salmuera. En una garrafa, o en una orza, se preservan de la luz y se dejan fermentar lentamente. Para comerlas se aliñan con plantas aromáticas como el tomillo o el hinojo. Añadirles unos dientes de ajo, pimientos rojos, rodajas de limón u hojas de laurel ya es el gusto de cada uno.
Pasados unos días ya están listas para comer.

La higuera, que no dejó de madurar sus higos todo el verano, nos dará un bocado exquisito. Pocos placeres se pueden comparar con la de echarse un higo fresco a la boca de mañana y recién cogido del árbol.
Los "higos de la reina" o "higos del moro", como se conocen por aquí, son muy apreciados. En su punto de madurez los vemos rayados, tersos y jugosos por dentro. Les quitaremos la piel como si de un plátano se tratara, pero con suavidad, y los llevaremos enteros a la boca para que se deshagan como polvo de estrellas en el universo de nuestro paladar.
Éstos de la fotografía los recogí hace unos días. Fue llegar a casa, mostrarlos y desaparecer al instante.
La higuera, como la vida misma, nos muestra sus frutos. Los tomaremos o no, pero desaparecerán si no, porque son efímeros.

El fruto de la granada es originario del Asia Central. Son los bereberes quienes traen esta fruta a Europa.
En el siglo X, se funda la ciudad de Granada y se le da ese mismo nombre. Luego fue extensivo al mismo reino, tan ansiado por los reyes cristianos.
Y muchos pueblos han visto en la granada un símbolo de amor, fertilidad y prosperidad.
Es una fruta que contiene múltiples efectos positivos para la salud. Además es de agradable sabor y muy entretenida para los niños. Desgranarlas en un plato puede ser una manera divertida de comer y compartir.
Particularmente me agrada desgranarla y comerla a puñaditos, dejar los granos ir deshaciéndose en la boca y masticarlos hasta hacerlos desaparecer por la garganta.

Me ha venido esta canción caída del cielo. En ella se traen frutas tropicales, el contrapunto ideal para fusionar tierras y culturas. No es mala idea sentirnos unidos en el placer de la fruta.





He aquí una muestra de la variedad de frutos y frutas que pueden encontrar en el valle del Guadalhorce, en Málaga, España.

miércoles 30 de septiembre de 2009

Animales en mi jardín

Delante de casa tenemos un pequeño jardín. En él, árboles, flores y césped conviven con otros seres que no fueron invitados. Esta "mantis religiosa" asustó a mi pequeña el otro día. Vino corriendo, chillando, mientras me decía atropelladamente que un bicho horrible le había atacado. La seguí, creyendo que se trataba de algún animal peligroso. Bromeé con ella, pero seguía atemorizada. Acerqué un palo y la mantis se subió a él. Ciertamente, visto el insecto de cerca, presentaba un aspecto terrorífico. Sin embargo a mí me parece un insecto de una belleza singular. La hembra es mayor que el macho y vive sola. Macho y hembra sólo se juntan para aparearse.

En la madrugada, mi hijita se despertó asustada por una pesadilla. Me decía que una "Mantis" más grande que yo la perseguía por la casa. Me quedé con ella hasta que volvió a dormirse. Yo me quedé escribiendo mentalmente este cuento de terror:

Capturé una "santateresa" en la puerta de mi casa. Me gusta su cuerpo esbelto y bello, pero mucho más el aspecto dominante que muestra , incluso ante mí. Es valiente y no tiene complejo de inferioridad.
Preparé una caja de plástico transparente y la deposité junto a algunas ramitas y hojas secas. Para alimentarla le cazaba saltamontes y otros insectos. La cuidaba como si fuera mi mascota y me gustaba mostrarla a mis amigos.
Muchas veces la cogía con ayuda de un palito y me la acercaba para observarla muy cerca. La mantis me observaba también desde su postura orante y poco a poco nos fuimos haciendo inseparables.
Hacía semanas que estaba en casa mi "santateresa" . Me daba cuenta que cada día necesitaba más presas y que se las devoraba muy deprisa. También que crecía de tamaño,pues ya medía aproximadamente el doble de cuando la capturé.
A veces me la llevaba a la cama. Me gustaba verla desplazarse por las sábanas con su andar garboso y elegante. Desde que vivía con ella, nunca la vi intentar escaparse. Notaba que estaba a gusto conmigo.
Este domingo unas fiebres me asaltaron. Eché mano de todo lo que tenía en el botiquín y me metí en la cama a pasar el trancazo. Por supuesto me llevé a Teresa, así le llamaba, a la cama conmigo. Antes de dormirme la vi deambular por mis piernas, pero yo no podía moverme y su cosquilleo no me molestaba comparado con el fuerte dolor de cabeza.
-Aaaaaaaaaaaaahhhhhh!!!!!!!!- me desperté gritando. No podía respirar porque unas enormes patas me asían hasta levantarme del suelo. No podía creer lo que veían mis ojos. Mi mantis había crecido hasta superarme en envergadura. Y pretendía comerme, pues su boca se acercaba a mi cabeza con esa intención. No sé como, pero logré sujetarla justamente en el punto donde se unen su cabeza con el tórax. Creí desfallecer, pero, al fin, lo conseguí. Sentí la liberación de sus patas y cómo caía su cuerpo verdoso sobre la alfombra. En ese momento me desmayé.
Empapado en sudor y con un desagradable sabor de boca me desperté. Escupí asqueado lo que parecía mi propio vómito, pero, no. Nada de eso. Lo que tenía en mi boca era el cuerpo masticado de mi mantis, en su tamaño natural,
Lloré su pérdida y me conjuré para nunca más volver a tener mascota. Y seguí viviendo solo.

Este verano descubrí un sapo que surgía de entre las plantas y corría a esconderse. Varias noches lo busqué para fotografiarlo, pero no me daba tiempo a captarlo. Al fin, hace poco, pude
hacer la foto que se puede ver aquí más abajo.
Los sapos parecen torpes y lentos. Eso creía yo antes de querer fotografiarlo.
En varias ocasiones lo vi esconderse bajo los muros de la casa. Por eso esperaba a que fuera noche cerrada para salir a buscarlo armado del móvil y con la cámara dispuesta.

El resultado me pareció sorprendente, yo sólo apreté el botón....pasó un segundo y se hizo la foto.

Había visto hace tiempo un documental con el apareamiento de un macho con la hembra de la especie "Mantis religiosa". Por eso he buscado algo en la red. Encontré el siguiente vídeo. En contra de la opinión generalizada, no siempre se produce este desenlace. Es más, esto no ocurre casi nunca. Sólo en situaciones excepcionales de desesperación y de voracidad feroz.



jueves 24 de septiembre de 2009

Mascotas

Pueden gustar a unos más que a otros, pero las mascotas es muy habitual encontrarlas junto a los niños. Y si son apreciadas por ellos, es que tienen verdadero valor, porque les aportan beneficios de incalculable medida: responsabilidad y respeto por los animales y, sobre todo, les hace mejores personas.
Estas imágenes corresponden a una muestra anual de mascotas, que todos los años con motivo de la "Feria de Septiembre" se celebra en la plaza del pueblo. Aunque ahora se dedica la feria a la aceituna, el producto estrella de la comarca, antes se hacía como una feria de ganado.

Cada día quedan menos caballos, mulos, burros, ovejas y cabras. De ahí que sean las mascotas los únicos representantes del mundo animal en la feria. Bueno, no contamos a la gente, claro.
En esta ocasión, una cincuentena de animales han participado.
A la chiquillería le encanta vestir de fiesta a sus mascotas y, como estábamos de feria, hacerlo con faldas de volantes era de lo más apropiado.

El citado evento no pretende más que escenificar una realidad que, en pueblecitos de no muchos habitantes y muy apegados al mundo rural, es de lo más cotidiano. Ésto es, la convivencia con animales

Casi todas las familias tienen su finquita en el campo. Allí se encuentran casas de aperos, granjas y construcciones diversas donde se instala un hogar a animalitos diversos. Por supuesto que en los hogares no falta la compañía de algún amigo del mundo animal.

Los asistentes a la muestra disfrutaron con la presencia de una pareja de hurones, jilgueros, perdices, una borrega de lo más sociable, y una nutrida representación de canes, algunos con pedigrí.

Especial atención merece la única conejita que se atrevió a convivir entre tanto ladrido. Mi hijita no la soltó ni un instante, metida en un canasto.
"Blanqui", que así se llama, estuvo nerviosa, pero no se movió apenas. Embutida en el arnés, no hizo el paseo al que invitaban a los participantes, y se mostró sólo desde su privilegiado mirador.
A todos los participantes se les dio una placa de cerámica por su participación y a la carrera tuvimos que salir todos, porque la tormenta nos acechaba con la intención de empaparnos.
A los más pequeños les asustaron los truenos y a los animalitos, para no ser menos, también.
Eché de menos no ver algún ejemplar gatuno. Sabido el carácter reservado y complejo de estos felinos, sobre todo las gatitas, nadie se atrevió a traerlas.

Yo no entiendo a lo gatos, ya sean machos o hembras, porque son de lo más misterioso. Para mí que son animales de carácter "femenino"; por contra, los perros me parecen en exceso "masculinos". De ahí que sean, perros y gatos, irreconciliables.
No pude fotografiar ningún ejemplar, por eso os dejo una imagen encontrada en la red y esta canción:


Roberto Carlos en su canción viene a demostrar esa teoría de la que me hago único defensor.

El gato que está triste y azul entiende de sentimientos, escucha y consuela al amante abandonado. Si no fueran tan femeninos los gatos, no lo harían.
En el antiguo Egipto, los gatos eran considerados animales sagrados. Buscaban contentar a la diosa Bastet, que se representaba con cuerpo de mujer y cabeza de gato. Diosa del amor, del placer, la belleza y la fertilidad. Se creía que vivía en el cuerpo de los gatos y que, desde allí, vigilaba a los humanos.
"Ojos de gata" se dice de una mujer misteriosa.

Pero a un perro se le pide protección, o que te ayude a cazar ; o, en ocasiones, se les llega a mostrar como si fueran un trofeo al que admirar. Ésto se le puede aplicar con seguridad a todo perro que tenga un dueño varón. Si la dueña es una fémina, el perro cambia y se demonta mucho mi descabellada teoría, porque las mujeres tienen un poderoso sentido de la convicción.

Vean estos dos ejemplos perrunos. Se puede comprobar qué perro es más o menos masculino.

Se dice "perro mundo"como prueba del desastre que suelen ser los hombres o lo que es peor: de los desastres que pueden llegar a provocar.
En fin, que voy a dejar de ser menos perro y a aprender de los gatos.



jueves 10 de septiembre de 2009

Adiós verano, hasta pronto...


Llegó como como siempre, calentando el ambiente. Es el verano de todos los años.
Antes, mucho antes, ya lo esperábamos con deseo, porque algunos, y sobre todo algunas, ya tomaban el tímido sol en las costas más cálidas.
Los que ansiaban la playa lejos de ella no perdían el tiempo: rayos UVA, gimnasio, compras de avance de temporada, reservas de hotel,...

Para la mayoría, el verano es una ventana que hay que abrir todos los años. Algunos vivirán gozosos unos días de asueto, pero cuántos no lo harán.

En los últimos tiempos, muchos se han quedado sin vacaciones, o lo que es peor: vacaciones forzadas sin sueldo. Por contra, un número considerable de afortunados no necesitan las vacaciones de verano. Para esos es verano siempre. De hecho, sólo les basta coger un avión y salir en busca del verano allí donde se encuentre.

Este verano sólo fui una tarde a la playa. Así lucía el mar Mediterráneo en la costa de Marbella.

La foto la hice a propósito, cuando no pasaba la gente; porque una marea humana se distribuía plácidamente por la arena.

El mar apaciguaba el carácter de la gente, pues sólo el rumor de las olas ponía banda sonora al espacio playero.

Después del ritual de sumergirme en las saladas y cálidas aguas, me dispuse a releer un librito que para la ocasión metí en el bolso.

Leer en la playa tiene sus ventajas, pero muchos inconvenientes; pues las interrupciones son muchas, y más si estás con niños que no paran de mostrarte conchas y piedrecitas curiosas. No obstante, tuve momentos lectores prolongados que me permitieron no perder el hilo de la novela.

Así y todo,en numerosas ocasiones, levanté la mirada y la fijé en el mar. Una mezcolanza de pensamientos propios y escenas recreadas de la lectura me abstraían por completo del espacio y del tiempo real en que me encontraba. En algún otro momento, observaba a la gente que pasaba cerca. Tras mis gafas de sol, pasaba desapercibida mi mirada y eso me permitió no ser indiscreto a los ojos ajenos.

Es curioso constatar cuan diferente somos unos de otros, ya no sólo en las diferencias físicas de cada cual, sino en el comportamiento de los dueños de esos mismos cuerpos. Vi pasar a cientos de personas, jóvenes, mayores, chicas, chicos, parejas emparejadas y otras que les separaba un muro. A todos el mar les acariciaba de alguna forma y eso les hacía parecer algo más hermosos.

Temía yo que mi verano junto al mar se reduciría a aquella tarde, a pesar de tenerlo cerca, a menos de una hora de camino. Por eso me embebí del atardecer rojizo y de la marinera fragancia para guardarlos el resto del año.

A la orilla del mar siempre llegaron los amores a reponerse. Unos porque naufragaron en el olvido, otros por navegar de dicha y alguno que viene a bucear en su busca. Siempre el mar te da una respuesta, sólo que hay que saber escuchar su consejo escondido en el rumor de las olas.

Esta canción habla de ello. La recordé o me la susurró el mar, que conoce todas las canciones. A los que ya frisamos o traspasamos la cincuentena, seguro que les trae algún bonito, o triste, recuerdo.

El Dúo Dinámico, friki, friki, friki.....



domingo 30 de agosto de 2009

Olivo centenario

Al viejo árbol,
en su cuerpo herido,
por el viento, el sol
y la ansiada lluvia,
aún le sobran fuerzas
para dar su fruto:
aceituna de aceite,
oliva del olivo.

Ese retorcido tronco,
de arrugas curtido,
un día ya lejano
fue joven y esbelto;
y se dejó seducir
por quienes ansiaron
el aceite dorado
que encierran sus olivas.

Nació libre,
de una semilla salvaje,
que se ocultó silenciosa
para echar raíces.
Y se irguió ufano
sobre la roca viva.
Y se abrazó al cielo
a pedir lágrimas de nube.

La mano del hombre
injertó en su cuerpo,
cual cirujano,
nuevos brazos
de un árbol hermano.
Así, renovado,
un fruto más dulce
regaló cada año.

Al olivo centenario
dedicó el sudor humano
jornadas de duro trabajo.
Labró su sombra,
limpió sus brazos,
y recogió de sus ramas
perlas de verde morado.

Como hijo agradecido,
que se alimenta a diario,
quiero hacerle mi ofrenda:
Que sea su porte
mi imagen.
Que yo también hundí,
en esa misma tierra,
mis raíces de hombre.


Miguel Hernández, el poeta agrario, alabó el trabajo de los hombres del campo. Y dedicó un hermoso poema a los aceituneros andaluces de Jaén.
Hace ya varias décadas que el grupo folklórico Jarcha puso música a la letra y la hizo canto.

domingo 23 de agosto de 2009

Sentir Málaga


En la imagen, la entrada a la calle de Larios, eje central de la ciudad y lugar de paseo obligado por todo aquél que la visite.
En torno a la segunda quincena de agosto se celebra la Feria de Málaga.

Para la ocasión se adorna la entrada de la calle con uno de los símbolos de la ciudad: las biznagas.

Durante las fiestas, esta calle es el centro neurálgico de la denominada Feria de Día. Un enorme gentío se lanza al centro de la ciudad a disfrutar del ambiente alegre y festivo. Música, bailes, jarana y ganas de divertirse hacen muy atractiva la experiencia de vivir la feria. Ni que decir tiene que la alegría la propaga la desinhibición que el consumo de bebidas provoca en el personal. Y si no, prueben a beber una copita de vino dulce de Málaga, una de las delicias para el paladar que esta tierra ofrece a todos, porque por aquí nadie se siente extraño con sólo dar un pasito y participar. La alegría de una sonrisa nos da el pasaporte para ser un malagueño más.

Si el placer del gusto nos lo da el vino, el del perfume que embriaga nos lo da un olor inconfundible, olor de jazmín en una composición floral única en el mundo, la biznaga. En el siguiente enlace podéis conocerla mejor:
http://www.biznagas.com/
La fotografía siguiente muestra esas biznagas, pero realizadas en porcelana rusa. Estas la ha realizado mi mujer, y adornan nuestra casa.


Aquí un detalle ampliado del adorno en la entrada de la feria del
centro.

Hay un sonido inconfundible e imprescindible en los días festivos; pertenece a unos cantes y bailes típicos malagueños: son los "verdiales", cantes y bailes cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos. Se han revitalizado en las últimos años gracias a la promoción que se ha hecho en las ferias y fiestas de muchos pueblos malagueños, principalmente en las de la capital.
Son las "pandas" de verdiales las agrupaciones folklóricas encargadas de realizarlas. Unos cantan y hacen sonar los instrumentos, generalmente hombres, y otros, bailan, por lo general son mujeres.













Málaga nos entra también por la vista. Su luz, reflejo de un mar, el Mediterráneo, nos ilumina el alma, haciendo de los malagueños gentes acogedoras y alegres, sabedoras de sus origen multiracial. A su puerto han arribado todas las culturas que navegaron por su mar. Hoy, aún más, porque la Costa del Sol es lugar donde llegan gentes del mundo entero, atraídos por la infinidad de atractivos de esta tierra.

Se nos mete Málaga por los cinco sentidos. Y qué decir del sentido del tacto. Pues, no encontraré una imagen para visualizarlo. Hay que tocar todo, sentir la brisa del mar, notar erizarse la piel con el cante de la malagueña, cante flamenco de los más difíciles de ejecutar, pero de una belleza que nos conmueve hasta el tuétano de los huesos.


La belleza de la mujer malagueña es una prueba más de que la alegría de vivir en este paraíso se refleja en los cuerpos. Todos recordarán a Amparo Muñoz, reconocida mujer de enorme belleza. Fue salir de Málaga y algo empezó a deteriorarla.

No quisiera parecer chauvinista, que sólo veo como extraordinario lo propio. Nada más erróneo. Como malagueño me veo obligado a enseñar lo que conozco y a valorarlo. Como valoro todo lo hermoso que me pueden mostrar otros. A fin de cuentas, si algo caracteriza al sentirse malagueño es el considerarse ciudadano del mundo.
Una muestra del cante por malagueñas puede ser éste: La voz dulce de Pepe Marchena.

sábado 15 de agosto de 2009

"Arcoiris de la Tierra"

Los espejos están llenos de gente.
Los invisibles nos ven.
Los olvidados nos recuerdan.
Cuando nos vemos, los vemos.
Cuando nos vamos, ¿se van?



CAMINOS DE ALTA FIESTA

¿Adán y Eva eran negros?
En África empezó el viaje humano en el mundo. Desde allí emprendieron nuestros abuelos la conquista del planeta. Los diversos caminos fundaron los diversos destinos, y el sol se ocupó del reparto de los colores.
Ahora las mujeres y los hombres, arcoiris de la tierra, tenemos más colores que el arcoiris del cielo; pero somos todos africanos emigrados. Hasta los blancos blanquísimos vienen del África.
Quizá nos negamos a recordar nuestro origen común porque el racismo produce amnesia, o porque nos resulta imposible creer que en aquellos tiempos remotos el mundo entero era nuestro reino, inmenso mapa sin fronteras, y nuestras piernas eran el único pasaporte exigido.

De "Espejos" Eduardo Galeano.

Fue empezar este libro y encontrarme este texto. Sencillamente, magistral.
Qué pronto olvidamos que tenemos un mismo origen y que el paso del tiempo nos dio los matices, que nos hicieron diferentes.

Pero no voy a hablar de este libro. Os recomiendo que visitéis el blog de Elena:

http://perdidaentrelibros.blogspot.com/2009_07_01_archive.html

En él encontraréis una muy buena crítica y os apetecerá leerlo.

De lo que os hablaré, será de lo que trata el texto más arriba transcrito.

En cualquier lugar de este mundo conocido, encontraremos seres orgullosos que se creerán ser superiores: el pueblo elegido, los depositarios de la sabiduria y la cultura, un dechado de virtudes, vamos...

Y el resto de la humanidad, despreciados por su inutilidad, un grado menos del ser humano.

Sin llegar a esos extremos, es demasiado común encontrar nacional-egoísmos, provincianismos difusos y localismos pacatos. Todo eso entre ciudadanos en igualdad de derechos y oportunidades.

Cuando aparecen individuos de tonalidades de piel diferente o que hablan palabras sin sentido - con lo claro que resulta llamar pan al pan y al queso, queso -, las diferencias se agrandan.
A las diferencias físicas se les suman que no son de allí, que vienen a meterse poco menos que a tu casa, que te quitarán el trabajo, la novia y la tranquilidad...

"-Podían quedarse en la selva o en el desierto, allí no molestan..."

Pero ellos y ellas no hacen más que caminar por senderos que no tienen ya fronteras, siguiendo el instinto de la especie por mejorar su existencia. Allá donde llegan, siempre hallarán a semejantes que, por haberlo hecho antes, se creen con el derecho exclusivo sobre la tierra.
La Tierra es nuestra, de todos. Si lo queréis dicho de otra forma:
Todos somos extranjeros hasta en nuestro propio terruño.
Tengo debilidad por esta canción... Bunbury lo expresa mejor que yo.



A veces, por el hecho de actuar de forma distinta o vivir de otra manera a la común, ya se suele mostrar un rechazo evidente. La discriminación se produce con efectos colaterales que provocan
daños de consideración en los individuos que no quieren llevar el mismo paso.
Mas, siempre, ser extranjero perjudica seriamente la salud social.
Una canción de las llamadas " canciones protesta" ya encandilaba a los progres europeos de unas decadas atrás. Se trata de "Le Métèque" de Georges Moustaki. Una delicia de canción.





LE MÉTÈQUE EL EXTRANJERO
Avec ma gueule de métèque, Con mi acento de extranjero,
De juif errant, de pâtre grec De judío errante, de pastor griego
Et mes cheveux aux quatre vents, Y mis cabellos a los cuatro vientos,
Avec mes yeux tout délavés Con mis ojos tan desvelados
Qui me donnent l’air de rêver, Que me dan un aire de soñador
Moi qui ne rêve plus souvent, Yo que no sueño a menudo,
Avec mes mains de maraudeur, Con mis manos de ladrón,
De musicien et de rôdeur De músico y de maleante
Qui ont pillé tant de jardins, Que han pillado tantos jardines,
Avec ma bouche qui a bu, Con mi boca que ha bebido,
Qui a embrassé et mordu, Que ha besado y mordido,
Sans jamais assouvir sa faim Sin jamás saciar su hambre
Avec ma gueule de métèque, Con mi acento de extranjero,
De juif errant, de pâtre grec, De judío errante, de pastor griego
De voleur et de vagabond, De ladrón y de vagabundo,
Avec ma peau qui s’est frottée Con mi piel que se ha frotado
Au soleil de tous les étés Con el sol de todos los veranos
Et tout ce qui portait jupon, Y todo lo que llevaba enagua,
Avec mon coeur qui a su faire Con mi corazón que ha hecho
Souffrir autant qu’il a souffert, Sufrir al tiempo que sufría
Sans pour cela faire d’histoire, Sin por ésto hacer historia
Avec mon âme qui n’a plus Con mi alma que no tiene
La moindre chance de salut La menor posibilidad de salvación
Pour éviter le purgatoire Para evitar el purgatorio.

Avec ma gueule de métèque, Con mi acento extranjero
De juif errant, de pâtre grec De judío errante, de pastor griego
Et mes cheveux aux quatre vents, Y mis cabelllos a los cuatro vientos,
Je viendrai ma douce captive, Vendré mi dulce cautiva,
Mon âme soeur, ma source vive, Mi alma gemela, mi fuente viva,
Je viendrai boire tes vingt ans Vendré a beber tus veinte años
Et je serai prince de sang, Y seré príncipe de sangre,
Rêveur, ou bien adolescent Soñador, o bien adolescente
Comme il te plaira de choisir Lo que tú prefieras
Et nous ferons de chaque jour, Y haremos cada día,
Toute une éternité d’amour Toda una eternidad de amor
Que nous vivrons à en mourir. Que viviremos hasta morir...
Et nous ferons de chaque jour,
Toute une éternité d’amour
Que nous vivrons à en mourir.

Traducción (como siempre, es una traducción libre, pero que quiere mantener el sentido y el sentimiento)

domingo 9 de agosto de 2009

Escalera de caracol

¿Quién puede decir que este caracol insignificante no busca con ahínco un lugar donde ser feliz?

Eso me preguntaba yo mientras lo observaba deslizarse verticalmente por la pared del patio interior. Y es que me pareció apesadumbrado, pero en nada falto de ánimo.

Había llovido y por eso se atrevió a salir de su oculto lugar tras las macetas.

Cuando estudié a estos animalitos por primera vez, estaba ya en el instituto. Decía el manual que el caracol es un molusco gasterópodo. Traducido sería algo así como "de cuerpo blando con el estómago en el pie"

Mas, de la observación que realicé de este inquilino, me llamó la atención su deambular perdido por el muro de cal. Pudiera ser que necesitara un aporte de calcio mayor para proteger su concha. En todo caso, pudiera estar buscando una salida. Que sea un insignificante molusco, no quiere decir que no necesite ser libre también -todos lo necesitamos.

¿Y si buscara pareja? A mí me pareció un caracol macho, por la de vueltas que daba. Una hembra se hubiera estado quieta en un lugar visible y esperaría al incauto del macho -Me permito esta licencia porque no conozco bien a los caracoles; si conozco algo es a los de mi especie: hombres y mujeres.
Los caracoles son hermafroditas, es decir, tienen tanto el aparato sexual masculino como el femenino, produciendo tanto espermatozoides como óvulos. Deben acoplarse, porque no pueden fecundarse a sí mismo; necesitan, pues, a otro caracol -da igual si macho o hembra, ya ellos se entienden. Para ello están bien equipados de un pene y del órgano receptivo correspondiente.

He encontrado una fotografía donde puede verse a dos de estos individuos copulando en una postura que ya quisieran muchos imitarla.
¿Se besarán los caracoles?
Siguiendo con el que está en la pared del patio. Debía estar solo, pues no veo otro caracol cercano -seguro que, si aparece, será la hembra.


De ahí que me haya dado por pensar en que mi "amigo" lo que busca es con quien acoplarse. Y si no encuentra a nadie con quien hacerlo, buscará otro patio cercano.
Al día siguiente, seguía lloviendo. Mi solitario amigo volvió a pasear por la encalada pared, pero no subía apenas unos metros. Quise ayudarle, lo llevaría a la casa de los vecinos de al lado, que tienen patio también.

Fue un atrevimiento ir a la casa de un extraño, pues yo no conocía a nadie de la vecindad, sólo llevaba dos días en la casa de unos amigos -los propietarios del patio y amos del caracol.
La vecina era una chica extranjera que no me entendía nada. Debió pensar que estaba loco...
-Un tipo con un caracol en la mano cuando más llovía, no es para pensar otra cosa.
Intenté explicarle con signos lo que pretendía hacer por el caracol y lo empeoré todo. Me dio con la puerta en las narices. Pensándolo bien, debí parecerle un pervertido, y el caracol mi fetiche.

Tuve más suerte con los vecinos del otro lado de la casa, me entendieron perfectamente; pero, para mí que no les transmití ninguna confianza y me dieron una excusa inapelable:

-Nos llenará el patio de caracoles y se comerán las plantas.
Pensé automáticamente que no podía rebatirles su argumento. No iba a decirles ,cuando eso pasara, que tendrían para un jugoso plato de caracoles.
Estaba empapado y desanimado...¿qué hacer? Entonces se me encendió la bombilla y, claro,¿cómo no lo había pensado? ...lo dejaría en el parque cercano, en la zona más tupida de plantas. Así lo hice, aunque no me di cuenta de que seguiría empapándome.

Volví a la casa, me sequé y me cambié de ropa. Al rato salí de nuevo al patio, había escampado. Y cuál fue mi sorpresa al ver esta estampa:



-¡¡Caracoles!! -exclamé.

La chica estaba allí, buscando a su pareja.

¿Quién me llamaría a mí meterme en asuntos de moluscos?


No se me ocurrió nada mejor que ir por el radio-cd. Buscaría una canción para consolar a la chica.
No sé si le gustará esta canción, lo mismo la pone triste. Bueno. Luego la llevaré al parque.