Amanece de nuevo, y la prima de riesgo nos amenaza como cada día.
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Ya el twiter calienta la red, los indignados en las plazas y los sin indignar azuzando los perros.
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Sale el sol, pero no para todos. Los que trabajan se levantan sin ganas y los que no tienen trabajo no se quieren levantar.
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Se escucha por ahí:
- Esos griegos no se cansan de votar.
Alguien responde por lo bajo:
-...Y aquí votamos cualquier cosa...y nos da igual.
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La vida parece que se nos va a escapar y nada nos consuela.
Vamos directos al abismo.
La inseguridad que nos atenaza puede martirizarnos hasta hacernos morir.
Un mundo diferente al que hemos tenido se expande ante nosotros, destruyendo todo lo que parecía afianzado.
Como no se entiende bien por qué sufrimos, nuestro pesar es mayor en la medida que se nos hace inabarcable.
¿Quién nos maneja a su antojo? ¿Quién tiene el poder de hacerlo con comunidades, países, continentes...?
Poderoso caballero es Don Dinero.
¡¡¡Ayyy, los mercados!!! Los mercaderes no entienden de sufrimientos humanos, sólo de hinchar su panza mientras se regocijan en su anonimato.
¿Otro mundo es posible?
Claro, está inventado hace siglos, cuando el mercado era trueque, intercambio...Entonces se especulaba con una vaca, o su ternero, con una hogaza de pan o con cualquier hecho tangible.
Pero apareció el dinero, y con él los usureros, prestamistas y demás espabilados del cuento. Hoy siguen aquí con traje de Armani y "esmarfon" de última generación, amargando la vida al resto de los mortales.
¿En estos miserables tiempos que corren, de qué sirve tener dinero, y tenerlo en los bancos? No tenemos nada, números en una libreta que representan una determinada cantidad, pero que en un abrir y cerrar de ojos se puede evaporar en el charco de los mercados.
Y los gobiernos, ¿Tienen el dinero? ¡¡¡Mentira!!! no tienen más que números en balances y presupuestos...Y una ingente cantidad de intereses que pagar a los mercaderes financieros.
Quiero imaginar un mundo desprendido de estructuras financieras y reconstruido a base de redes humanas, imperfectas pero solidarias,. Nada más que eso.
La primavera amaneció en el almanaque; pero no, aún no ha llegado para quedarse. La luna menguante deberá hundirse en su lecho de sombras para resurgir de nuevo. Entonces habrá primavera.
Lo saben los árboles, que esconden sus brotes en las protectoras ramas. Lo saben pájaros, reptiles y demás bestias, que tímidamente otean señales en el horizonte. Lo saben los viejos del lugar, que recuerdan cómo cada año el renacimiento viene a coincidir con la explosión de júbilo pasional de la Semana Santa.
Lo sabían, hace siglos, los sabios de entonces, gurús del misticismo y sacerdotes de lo divino, que establecieron per seculam seculorum que todas las primaveras había que andar buscando escaleras para subir a la cruz.
No lo sabía aquel niño que se agitaba con el primer atisbo primaveral. Lo sabía Ana "la Cruz", su madre, que el viernes de Dolores, una semana antes del plenilunio, inundaba la casa de culinarios olores, arroz con leche y canela, tortillitas de bacalao y potaje de garbanzos... Esos condumios eran el anuncio de la llegada de unos días diferentes, de asueto, sin tener que ir al colegio; días de juegos en la calle y saetas en la radio, de tronos en la calle; de olores a romero, olores a cera y a incienso.
Muchos jueves santo,desde hace mucho tiempo, el cristo amarrado a la columna está en la calle. Pero recuerdo muy fielmente aquel año en que negros nubarrones presagiaban una lluvia cierta.Y eso suponía que no sacarían los tronos.
Yo no tendría ni diez años y ya me tiraba esa tradición semanasantera. Desde muy niño lo viví a mi alrededor. Mi madre la hacía tan especial.
Aquella tarde me temía lo peor. Con las primeras gotas me escapé a la iglesia. Allí aguardaban con todo dispuesto, pero el hermano mayor no estaba dispuesto a efectuar la salida.
-De ninguna manera, lloviendo no se sale a la calle -decía Salvador con su voz cascada, pero firme.
Tímidamente, yo pedía: " ¿y si dejara de llover...?" Pero era evidente que no iba a parar aquella insistente llovizna, por momentos aguacero...
Desconsolado, con lágrimas en los ojos, me fui a casa.., donde ya desaté mi rabia con más llanto...Allí me recibieron con disimulada sonrisa por mi inocencia. Y no pude tener mayor conformidad que las palabras tiernas de quién más me ha querido: " No llores, que el año que viene vuelve a salir la procesión...y no lloverá, ya verás"
Así ocurrió, y muchos años se volvió a repetir. Pero yo sigo recordando cada tarde de jueves santo aquella aciaga tarde que no tuve la satisfacción infantil de ver al Cristo moreno y sufriente amarrado a la columna.
Sin embargo, los viernes santo nunca fueron nublados...En todos siempre recuerdo el sol reluciente, vencedor de las nubes, hiriente en los ojos inundando de luz la ya inmensa primavera.
Porque nunca he sentido la primavera hasta que los cristos y las vírgenes no salieron a la calle a desatarla. Así lo sentí siempre y así lo sigo sintiendo. Esta noche la luna llena, blanca y redonda como pan blanco, parirá la primavera...No me creéis?...pues ya lo veréis. Y, si no, al tanto.
Amanece... Una leve brisa al salir de casa acaba por despabilarme. La mochila no me pesa y camino ligero hacia un destino siempre deseado, en un viaje de ida y vuelta. El autobús, que la peña futbolera ha alquilado, se detiene risueño con su consabido chirriar de dientes. Somos tres, los últimos por recoger.
Miro de soslayo el reflejo sonriente de mi rostro en la ventanilla.., pero veo otro muy diferente, el de aquel chavalillo inocente que soñaba con viajar constantemente a los incontables lugares que su sueño de ser futbolista le llevaría. Dormitando sin querer, recupero el descanso necesario que la noche agitada de ensueños me hurtó. Y avanza la mañana, inexorable en un horizonte ondulado de árboles infinitos, sobre arcillas y calizas inmortales. Me muevo en el viajar monótono del autobús que me lleva fuera de Andalucía..¡¡ a los madriles!!. Me siento libre por un día.....para pensar, para soñar, para ser una vez más quién quise ser un día. Un sueño imposible de fama, de heroico balompedista, que ahora consuelo con sólo pisar el escenario de mis hazañas incumplidas. El cielo azul nos acompaña, mientras desparrama su luz alegre por doquier un sol radiante. La serpiente gris con su raya blanca en el lomo, a veces se torna amarilla, avanza o retrocede -según se mire. El paisaje cambia imperceptiblemente, porque la monotonía de grises y verde oliva se torna cálida de ocres en las hojas muertas que se resisten a caer en la sepultura de la tierra. Un río, que se oculta zigzagueante, orada el valle en las estribaciones de Sierra Morena. La serpiente se abre paso entre montañas, y hasta ha ascendido vertiginosa por sus laderas, porque le crecieron enormes patas de hormigón. Un enorme agujero taladra la piel blanda de la tierra. Atraviesa la montaña y nos acerca al destino. En ese viaje de ida y vuelta, se lanzan un grupo de inconscientes, apasionados del fútbol...Y yo con ellos. De mi pasión infantil, ¿cuánto queda todavía? Quizás por eso busco el sueño incumplido de aquellos tiempos en que a la crisis se le llamaba pobreza sin remedio. Entonces, esconderme entre las piernas de los hombres en el bar, era mi única forma de ver un partido. La Mancha se extiende a sus anchas. No hay arrugas en su colcha, zurcida de retazos de hierbas y tierras de labor. Las retorcidas cepas de vides resaltan en el horizonte plano y su inmensidad se funde con un cielo azul que se torna grisáceo en la lejanía. Se ha detenido el paisaje. El autobús vomita a la pacífica hinchada. Un refrigerio y estirar las piernas resulta necesario. De vuelta a la ruta y cada uno a su mundo. En mi caso, ocupo doble asiento...A ratos releo un libro y, si algo me provoca, busco papel y lápiz y escribo. Mi vecino de atrás se extraña de mi caótica actividad, pero le explico que viajar me anima a no desaprovechar ni un instante. Por contra, si estoy plantado en la tierra, me vuelvo perezoso e inútil. Caemos en la tela de araña de la metrópolis. Árboles con ojos ciegos vigilan nuestra incursión, insectos móviles surcan trilladas vías y fugaces viandante se guardan mucho de no cruzarse en su camino. Se acerca la hora del evento. Una marabunta ocupa los aledaños del estadio. Multitud de tenderetes muestran la mil veces repetida iconografía del negocio mediático. Miles de camisetas y objetos varios sacian el apetito de forofos y entusiastas del consumo inducido por la propaganda futbolera, desmesurada y agobiante. En el coso deportivo, los asientos se van ocupando. Casi montado en el alero, contemplo expectante la puesta en escena. Semidioses vestidos de comunión o con pijama de rayas se prestan a alimentar a la muchedumbre adocenada. Gritos de ánimo y exabruptos varios calientan el ánimo. Rueda la pelota y es pateada sin piedad. Cuando se cuela en la red, los regocijos se mezclan con las desesperaciones de los ofendidos. En dos ocasiones, se vulnera el arco del rival. Es entonces cuando yo salto al campo...El entrenador me hace salir del banquillo a calentar. Ha llegado mi oportunidad y tengo que resolver este partido. Se produce el cambio. El mediapunta esta tarde no da una. Al producirse el relevo, un silencio sepulcral se hace en el campo. Apenas faltan 15 minutos para que finalice el encuentro y el resultado está igualado a 1. Mi objetivo está claro: TENGO QUE HACER GOL!!! Desde que toqué el primer balón, hice todo lo posible por ofrecerme y participar en todas las jugadas. No escatimé esfuerzos en subir y bajar una y otra vez. No perdí ningún balón y recuperé incluso presionando a la defensa. Pero el gol no llegaba... Fue entonces cuando tomé la decisión arriesgada de hacer la jugada yo solo. Pedí el balón al central, que me lo pasó ya revasado el campo contrario; avancé decidido verticalmente, esperando la entrada de cualquier rival; al primero me lo pasé sin dificultad y a dos más los gambeteé en una baldosa...pisé área y vi al portero algo adelantado..le piqué el balón con exquisito toque y lo colé por la misma escuadra....
GOOOOOOOLLLLLL!!!!!! se ecuchó en el graderío...Y yo me desperté. El mediapunta, Benzemá, se regocijaba como un pájaro a punto de volar, celebrando el gol que con toda seguridad les iba a dar la victoria....Yo lo celebré igualmente. Prácticamente aquel golazo también fue obra mía.
De vuelta a casa, en ese viaje de ida y vuelta, la noche había dormido al paisaje con su nana oscura y sus lucecitas brillantes. En el autobús, no pude pegar un ojo. Pero con la mirada perdida, atravesando la madrugada, no dejé de soñar con cumplir otro día la hazaña que me ilusionó en mi infancia querida.