viernes, 10 de diciembre de 2010

La "Papaija", loca y desaparecida.

"Yo no había nacido, pero lo escuché contar por otros que vivieron entonces..." Así inicia su relato el abuelo, que echa mano de su amplio archivo memorístico una vez más.
"Lo que le ocurrió a Rosario la "Papaija" no tiene nombre. Le debió dar vergüenza al pueblo nuestro permitir aquella tropelía... Verás.., corrían los primeros años del siglo pasado..."

En la calle Mesón, vivía esa mujer con su segundo marido. Años antes había enviudado, quedándose sola con dos hijos pequeños. En esas circunstancias, y en aquellos años, un marido se hacía casi imprescindible. Ella lo encontró y volvió a casarse.
Cuando nació su tercer hijo, el matrimonio vivía con estrecheces, pero luchando día a día. Al menos, su casa les pertenecía, pues Rosario la había heredado de sus padres.
Llegados los pagos de contribuciones y arbitrios, los que debían asumir ellos, quedaron impagados dos años seguidos. Por ese motivo se inició un proceso de expropiación y se puso en venta la casa, apareciendo en la tablilla del juzgado.
Su propio vecino de enfrente se alzó con la propiedad al pagar el justiprecio estipulado.
Como no tenían donde ir, siguieron en su casa aunque ya no les pertenecía.
Muy cerca de la Navidad, en el día más crudo del incipiente invierno, la Guardia Civil se presentó en aquella casa con una orden de desahucio. Rosario había salido muy temprano a lavar ropas y pañales al lavadero de la Fuente del Albar, quedándose los niños en la casa con la puerta trancada, el mayor no subía de los ocho años y el pequeño sólo tenía meses.
Sin conmoverse siquiera, los guardias dispusieron desalojar la casa.
Llovía afuera, con una insistencia interminable y monótona, pero a los guardias no les pareció motivo para tener en consideración. Muebles, ropas y demás enseres se pusieron en mitad de la calle. Hasta una hornada de pan, que guardaba en la alacena, también la sacaron a la calle. Lamentablemente, la cuna donde dormía su niñito no fue una excepción. Mojados los ropajes por la lluvia y empapado el humilde colchón de lana, no era extraño que el niño se enfriara.
Cuando regresó la madre, avisada seguramente, montó en cólera y anduvo como loca por el pueblo sin encontrar auxilio. El niñito se recogió por alguna vecina, pero cayó enfermo.
Y así fue cómo una pulmonía se llevó al pequeño de la "Papaija".
De aquellos acontecimientos se recuerda la imagen plástica de aquellos panes esponjados sobre la mesa puesta en la calle. Sin embargo, la desgracia que supuso la muerte del hijo de aquella mujer, se olvidó fácilmente. Por vergonzoso que pareciera, más se tuvo en cuenta no poner en cuestión la actuación judicial ni la frialdad de los guardias civiles. ¿Quién osaría hacerlo? Ni las leyes ni los leguleyos lo permitirían.
Que Rosario perdiera la cabeza y desapareciera de la vista de vecinos y familiares, alertó a todos. Entonces reaccionaron, iniciando su búsqueda.
Pasaron los días y la "Papaija" no aparecía. La buscaron por todas partes, pero no dieron con ella. Pareciera que se la había tragado la tierra.
"A mí me lo contó el que la encontró, un tal Frasquito Navarro, muchos años después."
Bajo aquél algarrobo que arrastra
ba sus rugosas ramas, acurrucada sobre el tronco hueco del árbol, yacía muerta la madre que enloqueció tras la muerte injusta de su hijo.

Pocos recuerdan ya estos hechos que narro. Mas siempre quedará este lunar feo y vergonzoso en la piel de un pueblo. Según me cuenta quién mantiene vivo el recuerdo, alguna autoridad llegó a decir..."Que esto no vuelva a ocurrir nunca más" Así parece haber sido...hasta ahora.

15 comentarios:

Patricia dijo...

Que triste historia querido amigo, es la vida con sus altibajos y la sociedad tan indiferente al dolor humano. Ojala como bien dice el pueblo lo que paso sea una experiencia que eduque a la sociedad para evitarse en el futuro.
besos, feliz fin de semana!!

MaLena Ezcurra dijo...

Me maravillo ante tus historias, tienen la fuerza de los relatos latinoamericanos, algo así como realismo mágico.

Me da pena la Papaija, la siento tan sola.


Te abrazo Mateo con cariño.


M.

MTeresa dijo...

Un relato estremecedor,
me ha erizado de pena.

Nuria dijo...

Se enciende la sangre ante tamaña injusticia, lo peor del caso es que pertenece al pasado, pertenece al presente y pertenece al futuro, porque somos así de borricos.

Poetiza dijo...

Mateo, una triste historia la que nos cuentas amigo. La perdida de un hijo pude enloquecer a una madre. Estas historias de pueblo me gustan mucho, llevan en ellas verdades que nos hacen reflexionar. Un gusto leerte. Te dejo un beso, cuidate.

Clarice Baricco dijo...

Ay sentí feo. O eres tú el que logras provocarnos.
Bien amigo.

Abrazos fuertes.

Camy dijo...

¿Y luego la gente quiere olvidar el pasado? ¿ Y hay quién no entienda el odio a la autoridad? ¿Y es posible seguir cuerda ante una situación tan loca?¿Y no tuvo bastante el pueblo para que la historia se repita?.
No aprendemos amigo. Siempre tropezamos...
Un beso

P.d. Me gustan los recuerdos del abuelo, y lo que me gusta es que tú le escuches.

la_gaviota dijo...

siempre tus relatos, nos trasportan y nos sorprenden, pero al final siempre nos dejan satisfecha por la lectura, y agradecida por lo aprendido, un abrazo amigo, gracias por estas siempre entre mis letras besitos muackkkk

María dijo...

Un bonito relato que cuando te vas metiendo en él más te va enganchando aunque es triste, pero ¿qué en la vida no hay triste? puede haber momentos duros y también llenos de felicidad.

Te deseo unas felices fiestas y feliz año 2011.

Un beso.

MAR dijo...

Realmente triste.
Yo pido para esta navidad que ningún niño en el mundo sufra, todo lo contrario que cada uno tengo amor, comida y regalos y por sobretodo UNA NIÑES PROTEGIDA.
Un abrazo grande para ti.
mar

Patricia dijo...

Regrese para contarle que deje un regalo para ti en mi blog, Feliz Navidad!!! :)
besos,

Balamgo dijo...

Saludos y felices fiestas¡
Si te apetece tenemos papitas negras arrugadas y conejo en salmorejo...:)
Un abrazo.

Ricardo Miñana dijo...

En estas fiestas tan entrañables, con mis mejores deseos de ilusión, paz y felicidad.

¡¡FELIZ NAVIDAD!!

Un abrazo.

irene dijo...

Me ha partido el alma, la vida es cruel, y con algunas personas se ensaña especialmente, me parece muy injusta, estas y otras cosas más me hacen no creer en nada, y a veces en nadie, por esta crueldad que tuvieron los encargados del desahucio y más aún los que lo ordenaron.
Pobre Papaija, es lo mejor que le pudo pasar, reunirse con su hijito.
Maravillosa nana de Serrat.
Un abrazo y mis mejores deseos para ti, Mateo.

Palmoba dijo...

Mientras quede alguien que lo siga recordando o ranando.. ahi seguira el lunar..