Delante de casa tenemos un pequeño jardín. En él, árboles, flores y césped conviven con otros seres que no fueron invitados. Esta "mantis religiosa" asustó a mi pequeña el otro día. Vino corriendo, chillando, mientras me decía atropelladamente que un bicho horrible le había atacado. La seguí, creyendo que se trataba de algún animal peligroso. Bromeé con ella, pero seguía atemorizada. Acerqué un palo y la mantis se subió a él. Ciertamente, visto el insecto de cerca, presentaba un aspecto terrorífico. Sin embargo a mí me parece un insecto de una belleza singular. La hembra es mayor que el macho y vive sola. Macho y hembra sólo se juntan para aparearse.En la madrugada, mi hijita se despertó asustada por una pesadilla. Me decía que una "Mantis" más grande que yo la perseguía por la casa. Me quedé con ella hasta que volvió a dormirse. Yo me quedé escribiendo mentalmente este cuento de terror:
Capturé una "santateresa" en la puerta de mi casa. Me gusta su cuerpo esbelto y bello, pero mucho más el aspecto dominante que muestra , incluso ante mí. Es valiente y no tiene complejo de inferioridad.
Preparé una caja de plástico transparente y la deposité junto a algunas ramitas y hojas secas. Para alimentarla le cazaba saltamontes y otros insectos. La cuidaba como si fuera mi mascota y me gustaba mostrarla a mis amigos.
Muchas veces la cogía con ayuda de un palito y me la acercaba para observarla muy cerca. La mantis me observaba también desde su postura orante y poco a poco nos fuimos haciendo inseparables.
Hacía semanas que estaba en casa mi "santateresa" . Me daba cuenta que cada día necesitaba más presas y que se las devoraba muy deprisa. También que crecía de tamaño,pues ya medía aproximadamente el doble de cuando la capturé.
A veces me la llevaba a la cama. Me gustaba verla desplazarse por las sábanas con su andar garboso y elegante. Desde que vivía con ella, nunca la vi intentar escaparse. Notaba que estaba a gusto conmigo.
Este domingo unas fiebres me asaltaron. Eché mano de todo lo que tenía en el botiquín y me metí en la cama a pasar el trancazo. Por supuesto me llevé a Teresa, así le llamaba, a la cama conmigo. Antes de dormirme la vi deambular por mis piernas, pero yo no podía moverme y su cosquilleo no me molestaba comparado con el fuerte dolor de cabeza.
-Aaaaaaaaaaaaahhhhhh!!!!!!!!- me desperté gritando. No podía respirar porque unas enormes patas me asían hasta levantarme del suelo. No podía creer lo que veían mis ojos. Mi mantis había crecido hasta superarme en envergadura. Y pretendía comerme, pues su boca se acercaba a mi cabeza con esa intención. No sé como, pero logré sujetarla justamente en el punto donde se unen su cabeza con el tórax. Creí desfallecer, pero, al fin, lo conseguí. Sentí la liberación de sus patas y cómo caía su cuerpo verdoso sobre la alfombra. En ese momento me desmayé.
Empapado en sudor y con un desagradable sabor de boca me desperté. Escupí asqueado lo que parecía mi propio vómito, pero, no. Nada de eso. Lo que tenía en mi boca era el cuerpo masticado de mi mantis, en su tamaño natural,
Lloré su pérdida y me conjuré para nunca más volver a tener mascota. Y seguí viviendo solo.
Este verano descubrí un sapo que surgía de entre las plantas y corría a esconderse. Varias noches lo busqué para fotografiarlo, pero no me daba tiempo a captarlo. Al fin, hace poco, pude
hacer la foto que se puede ver aquí más abajo.
Los sapos parecen torpes y lentos. Eso creía yo antes de querer fotografiarlo.
En varias ocasiones lo vi esconderse bajo los muros de la casa. Por eso esperaba a que fuera noche cerrada para salir a buscarlo armado del móvil y con la cámara dispuesta.
El resultado me pareció sorprendente, yo sólo apreté el botón....pasó un segundo y se hizo la foto.
Había visto hace tiempo un documental con el apareamiento de un macho con la hembra de la especie "Mantis religiosa". Por eso he buscado algo en la red. Encontré el siguiente vídeo. En contra de la opinión generalizada, no siempre se produce este desenlace. Es más, esto no ocurre casi nunca. Sólo en situaciones excepcionales de desesperación y de voracidad feroz.











