Era una tarde calurosa de junio de no me acuerdo qué año. Yo ya había cumplido los 12 años, pero todavía era un niño.Como solía hacer muchas tardes, me iba a la casa de la vecina a ver la tele. Me sentaba silencioso en una silla y me tragaba lo que echaran sin rechistar. Procuraba no molestar y sólo contestaba si me preguntaban.
Esa tarde ponían "Del rosa al amarillo". En la primera parte de la película, "Del rosa..., un chico, con el que yo me identifiqué enseguida se enamoraba por primera vez de una chica algo mayor que él.
Una canción de la banda sonora, "Mirando al mar" de Jorge Sepúlveda, se grabó en mi mente para siempre. Este verano la descargué de internet para registrarla en un cd y así poder escucharla en el coche junto a otras canciones antiguas que no quería olvidar.
Volvían los recuerdos de aquella tarde cada vez que se reproducía la canción.
Decidí descargarme la película, pero me ha costado muchos días. Por fin la he podido ver de nuevo. Es una película en blanco y negro por la que no han pasado en balde los años. Se desarrolla en el Madrid de finales de los años cincuenta:
Unos niños juegan en la calle, felices, ajenos a la realidad socioeconómica de una España hundida todavía en la pobreza. A esos mismos juegos, jugaba yo. En las calles se jugaba al balón, a las chapas, al rescate, al anillito... Parecía una situación idéntica a la que vivía en mi pueblo con los amigos de la infancia, donde también había una chica.
Han pasado cerca de cuarenta años y ya me había olvidado de muchos detalles. Mantenía el hilo argumental y aquella lejana identificación con la historia, pero no recordaba bien al chico ni a la chica. Pues, el protagonista guardaba un cierto parecido a mí, más por su forma de ser y comportarse que por su fisonomía, aunque su pelo, sus orejas y sus piernas de alambre eran las mías. Eso creí entonces y eso mismo hizo que me identificara con él.
Resulta que el chico, Guillermo, se enamoró perdidamente de una chica, Margarita, algo mayor que él. Ese estado de enamoramiento le hacía vivir en las nubes, sacaba malas notas y se comportaba extrañamente, dibujaba corazones en su pupitre y también en su brazo. Como a mí, le gustaba leer tebeos del "Guerrero del antifaz" y se aprendía los diálogos del héroe, luego los repetía ante el espejo, simulando que se lo decía a su amada.
La chica se dejaba querer y le hacía albergar esperanzas. Sin embargo, esa relación no era más que un juego de niños. Bastó que pasara un verano para que la chica se enamorara de un chico mayor y dejara tirado a Guillermo.
Con el corazón partío, Guillermo seguirá amando para siempre a Margarita; pero como dice la canción... se quedó mirando al mar.
No importa que os destroce el final, pero no creo que os apetezca verla si no la habéis visto. No la considero una buena película, aunque eso sí a mí me sigue pareciendo entrañable.
La película tiene una segunda parte ...el amarillo". Dos ancianos en una residencia se enamoran y...Bueno, ahora quizás ya tenga que volver a ver esta segunda parte. El tiempo no perdona.


