La Navidad ha llegado y todavía no he podido hacer una felicitación. Mejor dicho, la Navidad se está marchando y yo sin hacer nada por evitarlo. Quiero decir que necesito expresar lo que siento antes de que pasen estos días. Cuando llegue la segunda semana de enero, ya será tarde.
Llegado diciembre, a todos nos entra el virus de la Navidad. Porque hay algo que buscamos denodadamente y queremos encontrarlo en estas fiestas. Buscamos la felicidad; pero eso no se puede encontrar en unos cuantos efímeros días.
La Navidad tiene que durar todo el año.
Lo cierto es que me gustaría una Navidad para todo el año. Le quitaría tanto de lo superfluo como le sumaría más de lo esencial.
Le quitaría almuerzos, cenas, copas y demás excesos. Le sumaría risas, abrazos y besos.
A los mensajitos que enviamos una vez al año a toda nuestra agenda del móvil, los eliminaría por orden gubernamental. Sólo valdrían los mensajes para quedar en un agradable lugar y pasar un buen rato con nuestros amigos
y seres queridos.
La Navidad la intento vivir así, aunque cuesta lo suyo.
Me gusta adornar la casa con su portalito, su árbol, su centro de mesa; Tener dispuesta una bandeja de dulces y una botella de anís para recibir a quienes pasen por mi puerta. La Navidad gusta a los niños y es porque la viven con ilusión. Para ellos es una fiesta no una obligación.
Muestro aquí los rincones de mi casa: el portal que casi montó mi hijita sola, el árbol que hemos renovado este año que decoramos entre todos y el centro de mesa que primorosamente ha realizado Ana, mi mujer, con flores de porcelana rusa.
Por último, he pensado en un villancico tradicional flamenco. Si no hay villancicos no pasa la Navidad.
Llegado diciembre, a todos nos entra el virus de la Navidad. Porque hay algo que buscamos denodadamente y queremos encontrarlo en estas fiestas. Buscamos la felicidad; pero eso no se puede encontrar en unos cuantos efímeros días.
La Navidad tiene que durar todo el año.
Lo cierto es que me gustaría una Navidad para todo el año. Le quitaría tanto de lo superfluo como le sumaría más de lo esencial.
Le quitaría almuerzos, cenas, copas y demás excesos. Le sumaría risas, abrazos y besos.
A los mensajitos que enviamos una vez al año a toda nuestra agenda del móvil, los eliminaría por orden gubernamental. Sólo valdrían los mensajes para quedar en un agradable lugar y pasar un buen rato con nuestros amigos
La Navidad la intento vivir así, aunque cuesta lo suyo.
Me gusta adornar la casa con su portalito, su árbol, su centro de mesa; Tener dispuesta una bandeja de dulces y una botella de anís para recibir a quienes pasen por mi puerta. La Navidad gusta a los niños y es porque la viven con ilusión. Para ellos es una fiesta no una obligación.
Muestro aquí los rincones de mi casa: el portal que casi montó mi hijita sola, el árbol que hemos renovado este año que decoramos entre todos y el centro de mesa que primorosamente ha realizado Ana, mi mujer, con flores de porcelana rusa.
Se trata de villancicos -canciones cantadas por "villanicos" desde hace siglos- en la voz de Canalejas de Puerto Real, que elevó a categoría de arte los conocidos como "villancicos de Gloria". Son de los más tradicional que he encontrado junto a los cantados por los "Campanilleros" con letras apropiadas a festividad de la Pascua.
Con mis mejores deseos:
FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO AÑO NUEVO
Que la Navidad nos dure todo el año.
Con mis mejores deseos:
FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO AÑO NUEVO
Que la Navidad nos dure todo el año.