
Adoptado por México, la palabra del poeta seguirá siendo clandestina en España por mucho tiempo. Pero su voz seguirá siendo oída en la voz de los cantautores de la canción protesta.
Adoptado por México, la palabra del poeta seguirá siendo clandestina en España por mucho tiempo. Pero su voz seguirá siendo oída en la voz de los cantautores de la canción protesta.
Busca en el rumor de las olas,Ahora quiero mostraros el amanecer que he podido captar una mañana muy reciente desde mi ventana:
¡Feliz día !
La mer
Qu'on voit danser le long des golfes clairs
A des reflets d'argent
La mer
Des reflets changeants
Sous la pluie
La mer
Au ciel d'été confond
Ses blancs moutons
Avec les anges si purs
La mer bergère d'azur
Infinie
Voyez
Près des étangs
Ces grands roseaux mouillés
Voyez
Ces oiseaux blancs
Et ces maisons rouillées
La mer
Les a bercés
Le long des golfes clairs
Et d'une chanson d'amour
La mer
A bercé mon cœur pour la vie
Es una de las canciones más hermosas que conozco.
Fue compuesta por Charles Trènet en los años 40 durante un viaje en tren entre Narbonne y Perpignan.
Dicen que, durante la ocupación nazi de Francia, en los cafés de París, sus letras tenían un alterado , pero muy sutil, significado hacia la libertad que tanto añoraban.
Como no he encontrado la traducción, voy a atreverme a traducirla al español:
El mar
que se ve danzar a lo largo de los golfos claros
con reflejos plateados.
El mar
de reflejos cambiantes
bajo la lluvia.
El mar,
con el cielo de verano, confunde
sus blancos corderos
con los ángeles más puros.
El mar, butaca azul
infinita.
Mirad
cerca de las albuferas
esas cañas mojadas.
Mirad
esos pájaros blancos
y esas casas enmohecidas.
El mar
las ha mecido
a lo largo de los golfos claros
y con una canción de amor
el mar
ha mecido mi corazón para la vida.
Que os guste.
Esta canción de Olga Manzano y Manuel Picón que versiona un poema de Pablo Neruda la conocí hace mucho tiempo, pero ya no recuerdo cuando fue. Entonces yo era joven -aunque no tanto como ahora.
Gracias al impacto que me causó oirla por la radio, busqué denodadamente el poemario donde se encontraba publicada. Fue así como llegó a mis manos "Los versos del Capitán".
Desde entonces he tenido este libro muy cerca. He acudido a él infinidad de veces y siempre lo encontraba renovado. Los poemas seguían allí petrificados, pero yo iba cambiando con el tiempo. También mi estado de ánimo influía ciertamente cada vez que los visitaba. Lo cierto es que no me canso de esos versos henchidos de sensualidad y de apasionamiento.
Ha sido curioso, cada vez que he querido conocer la opinión de otras personas acerca de "Los versos del Capitán", comprobar que guardaba relación con si me era más afín o no. Unos, que mostraban desapego y la consideraban obra menor, resultaban para mí los más extraños. Sin embargo, si encontraba alguien que se sentía conmovido por versos tan sublimes, seguro encontraba en esa persona algo difícil de explicar cercano a la empatía.
El poema original fue modificado en su estructura para hacerlo canción, aunque no supone un cambio significativo en el sentido mismo del poema.
Quisiera dejar aquí algún poema del poemario citado. Si les conmueve no dejen de subir al barco del "Capitán" Neruda.
La noche en la isla
Toda la noche he dormido contigo
junto al mar, en la isla.
Salvaje y dulce eras entre el placer y el sueño,
entre el fuego y el agua.
*****
Tal vez muy tarde
nuestros sueños se unieron
en lo alto o el fondo,
arriba como ramas que un mismo viento mueve,
abajo como rojas raíces que se tocan.
*****
Tal vez tu sueño
se separó del mío
y por el mar oscuro
me buscaba
como antes,
cuando aún no existías,
cuando sin divisarte
navegué por tu lado,
y tus ojos buscaban
lo que ahora
- pan, vino, amor y cólera -
te doy a manos llenas
porque tú eres la copa
que esperaba los dones de mi vida.
*****
He dormido contigo
toda la noche mientras
la oscura tierra gira
con vivos y con muertos,
y al despertar de pronto
en medio de la sombra
mi brazo rodeaba tu cintura.
Ni la noche, ni el sueño
pudieron separarnos.
*****
He dormido contigo
y al despertar tu boca
salida de tu sueño
me dio el sabor de tierra,
de agua marina, de algas,
del fondo de tu vida,
y recibí tu beso
mojado por la aurora
como si me llegara
del mar que nos rodea.
"L'étranger", del francés, puede traducirse por el extranjero o bien por el extraño.
Albert Camus escribió en 1942 una extraordinaria novela, "El extranjero", que es considerada una de las más importantes de la literatura francesa y también de la literatura universal.
Enrique Bunbury compuso, muchos años después, una canción maravillosa que encierra un mensaje por la eliminación de las fronteras, de las patrias y las banderas.
Tanto el libro como la canción representan las dos acepciones de la palabra francesa "étranger".
Para Albert Camus una persona puede sentirse "extraña"a todo aquello que le rodea: a los hombres , a las mujeres, a lo que la sociedad le ofrece.
Para Enrique Bunbury ser "extranjero" significa: no ser de ninguna parte y, a la vez, ser de cualquier lugar. Se puede uno sentir extranjero en tu propia tierra y sentirse que pertenece a un remoto lugar.
He querido mostraros aquí esas dos acepciones de "extranjero". Arriba, la canción de Bunbury; abajo, un fragmento del principio de la novela de Camus.

Primera parte I
Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé. Recibí un telegrama del asilo: «Falleció su madre. Entierro mañana. Sentidas condolencias.» Pero no quiere decir nada. Quizá haya sido ayer.
El asilo de ancianos está en Marengo, a ochenta kilómetros de Argel. Tomaré el autobús a las dos y llegaré por la tarde. De esa manera podré velarla, y regresaré mañana por la noche. Pedí dos días de licencia a mi patrón y no pudo negármelos ante una excusa semejante. Pero no parecía satisfecho. Llegué a decirle: «No es culpa mía.» No me respondió. Pensé entonces que no debía haberle dicho esto. Al fin y al cabo, no tenía por qué excusarme. Más bien le correspondía a él presentarme las condolencias. Pero lo hará sin duda pasado mañana, cuando me vea de luto. Por ahora, es un poco como si mamá no estuviera muerta. Después del entierro, por el contrario, será un asunto archivado y todo habrá adquirido aspecto más oficial.
Tomé el autobús a las dos. Hacía mucho calor. Comí en el restaurante de Celeste como de costumbre. Todos se condolieron mucho de mí, y Celeste me dijo: «Madre hay una sola.» Cuando partí, me acompañaron hasta la puerta. Me sentía un poco aturdido pues fue necesario que subiera hasta la habitación de Manuel para pedirle prestados una corbata negra y un brazal. El perdió a su tío hace unos meses.
Corrí para alcanzar el autobús. Me sentí adormecido sin duda por la prisa y la carrera, añadidas a los barquinazos, al olor a gasolina y a la reverberación del camino y del cielo. Dormí casi todo el trayecto. Y cuando desperté, estaba apoyado contra un militar que me sonrió y me preguntó si venía de lejos. Dije «sí» para no tener que hablar más.
Albert Camus nació en Argelia en 1913. Era hijo de un campesino y de madre española y analfabeta. Vivió una infancia miserable que dejaría su huella sobre Camus. Ejerció los más diversos oficios, pero se licenció en Filosofía. Se dedicó a viajar pobremente por algunos países mediterráneos, como Italia y España, a los que amó apasionadamente.
Sufrió la ocupación alemana y la guerra fraticida entre Francia y Argelia, que produjo desgarramientos profundos, pero que cuyo fin no conoció. En 1960 se estrelló en una carretera de Francia.
Desarrolló en su muy diversa obra un humanismo fundado en la concienciación de lo absurdo de la condición humana.
En 1956 se le concedió el premio Nobel.